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El viaje de Chol

Huí de mi pueblo como si fuera un accidente. Estábamos jugando sobre las cinco de la tarde cuando esta gente, los soldados, vinieron. Simplemente escapamos. No sabíamos a dónde íbamos, sólo huíamos. Los soldados nos separaron en dos grupos; uno en el pueblo y el otro junto al ganado. Mi hermano me ayudó a huir. No sabíamos dónde estaba nuestra madre ni nuestro padre, no pudimos decirles adiós. Cuando hay disparos, cuando oyes '¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!', no piensas en tu amigo, ni en tu madre, sólo corres para salvar tu vida.

No vi a los soldados, sólo escuché los disparos, los gritos y los bombardeos que hicieron 'DUM, DUM, DUM, DUM' y mataron a muchas personas. Sucedió simplemente como un accidente, y huimos sin nada, nada, sin comida, sin ropa, sin nada.

El sol abrasa de día y tus pies se queman; de manera que anduvimos de noche, cuando hace frío, y así no dices todo el tiempo 'quiero agua, quiero agua'. Si te rindes y te sientas te puedes morir de hambre, por lo que para descansar permanecíamos de pie bajo los árboles.

Los animales salvajes, los leones, mataron a mucha gente. Te das cuenta de que si te quedas atrás y dices 'no quiero seguir andando, sólo quiero sentarme', el león te matará. Pero no estaba asustado porque estaba con mucha gente y sabía que si el león venía gritaríamos '¡Huh!, ¡Huh!, ¡Vete!, ¡Vete!' y entonces el león no nos mataría.

No puedes dejar a una persona que se siente durante el trayecto. Debes pellizcarle y decirle '¡Levántate! ¡Levántate!' Dios te ha dicho que debes ayudar a esta persona, él es parte de la vida. ¿Cómo pude seguir andando? Cuando veía a un niño pequeño andando, me decía '¿Ves a este niño? Está andando'; y yo seguía. Contábamos historias para ser felices, decíamos: 'vamos a conseguir comida, vamos a ser felices'.

Nunca nos sentíamos bien. Sólo caminábamos. Hubo gente que murió de hambre; vi a tantos morir; incluso mi amigo murió. Cuando vi que mi amigo se moría continué caminando. A veces puedes ayudar a alguien pero otras veces no puedes. Se trata de tu vida. Tuve que dejar a mi amigo porque me hubiese muerto con él. Si se niega a seguir, cuando no quiere continuar, ¿qué puedes hacer?

Al cabo de dos meses llegamos a la tribu Anyak; ellos conocían el modo de llegar a Etiopía. Nos ayudaron a pescar y a secar el pescado. No estaba mal. Nosotros podíamos pescar estando de pie en el río, pero diez peces no pueden alimentar a diez millones de personas, y todo el mundo quería algo. Así que pescábamos, y dejábamos paso a la siguiente persona. Nos pusimos en fila en el río. A veces, alguien cogía un pez y se escapaba con él, pero ¿qué puedes hacer?

Para llegar a Etiopía, al campamento de refugiados de Panyido, había un gran río que tuvimos que atravesar a nado. Mucha gente se ahogó en el intento. Algunas personas que no sabían nadar se negaron a hacerlo y dijeron: 'Podemos ir a cualquier otro sitio, a Europa, a cualquier sitio'. Cuando tienes dos o tres hermanos recibes ayuda. Lo intentamos de este modo, de ese otro, de todos los modos. Había cordeles y cuerdas para poder tirar de la gente al cruzar. Mucha gente se quedó para aprender a nadar. ¿Te das cuenta? Te mueres si no sabes nadar. Si el agua sobrepasa tu cabeza de repente, te quedas atrapado y mueres.

En Panyido, no tuvimos comida durante dos meses, pero al menos teníamos paz. Algunas personas intentaron robar el sorgo del pueblo, y murieron por ello. Después vino Naciones Unidas, vieron a la gente, fueron a Ginebra a encontrar comida y regresaron. Durante tres años estuve en Etiopía, estaba a gusto. Iba al colegio y vivía con otros cinco chicos. Después las Naciones Unidas se fueron y tuvimos que marcharnos. Sabes, el nuevo presidente de Etiopía no quería refugiados. Así que vino y nos echó. No pudimos hacer nada, ¿qué podíamos hacer?. No era nuestro país.

De manera que tuvimos que nadar y nadar de nuevo. Algunos camiones nos llevaron de la frontera a la ciudad de Kapoeta. Tardamos dos semanas. A veces teníamos que esperar dos días en un río. Nos daban comida en una mano como ésta, sólo un puñado para aguantar durante una semana;  y agua, agua sucia, y nos pusimos enfermos, muy enfermos con una diarrea y los baches de la carretera. Tras estar tres días en Kapoeta, Naciones Unidas dijo, 'llévenles a Narus'. No sabíamos lo que estaba pasando, cuando preguntamos a la gente nos respondieron que había disparos y que estaban bombardeando, y que los soldados nos podrían capturar.

En Narus empezamos a construir nuestros colegios y a tener libros, pero más combates nos obligaron a marcharnos tras dos meses. Sabes, ACNUR estaba en Kenia y no en Sudán, así que fuimos a Kenia donde estaríamos a salvo.

Ahora vivo con otros niños en Kakuma. Cocinamos y construimos nuestras propias casas. Me gusta jugar al baloncesto, pero también el fútbol y el colegio.

Ahora somos ciudadanos, tenemos zapatos y una camisa, ¿ves? Pido que nos dejen quedarnos aquí, donde se está seguro. En tu país tú te sientes seguro, ahora déjanos permanecer aquí a salvo. Ahora queremos aprender. Algún día seré ingeniero para reconstruir Sudán y los otros países de África.

No sé si mi madre y mi padre están vivos o muertos. Tenía nueve años cuando dejé Sudán. Ahora tengo catorce; soy un hombrecito. Mi madre no me reconocería.

Extracto del libro “Un día tuvimos que huir”. ACNUR, 1999

La entrevista tuvo lugar cuando Chol, con quince años, vivía todavía en el campo de refugiados de Kakuma, en Kenia. Tres años más tarde empezó una nueva vida en San Francisco (EE.UU) con sus padres adoptivos. Más de 3.600 niños se beneficiaron de los programas de reasentamiento patrocinados por ACNUR.

Dibujo realizado por David Kumcieng, 15 años, sudanés. “Queríamos correr pero estábamos cansados y hambrientos. En mi dibujo la gente está vestida, pero no teníamos ropa. Veíamos a la gente morir, eran siempre los más jóvenes, los que tenían hambre y los ancianos”.
Dibujo realizado por David Kumcieng, 15 años, sudanés. “Queríamos correr pero estábamos cansados y hambrientos. En mi dibujo la gente está vestida, pero no teníamos ropa. Veíamos a la gente morir, eran siempre los más jóvenes, los que tenían hambre y los ancianos”.